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Nuestra historia toma cuerpo en el corazón de una joven
francesa del siglo XIX: Catalina-Gérine Fabre. Una mujer
seguramente poco instruida pero sí confrontada desde edad
temprana a la dura realidad de la vida y del Misterio de Dios
y del hombre, ultrajado y negado. Contemplando durante largo
tiempo la Virgen de la “Piedad”, Catalina descubre cómo “el
Amor no es amado” y se siente llamada a prestar servicio a
todos los que están lejos de Dios o que viven en la
precariedad y la necesidad: lugar concreto del don de su vida
al Señor y del anuncio de su Amor misericordioso.
Habitada por este deseo, Gérine Fabre busca la manera de
encarnar este deseo y de compartirlo con otras compañeras.
Encuentra en la vida y en la espiritualidad de Santo Domingo
la inspiración que la mantendrá en este camino. Al principio,
forma parte de la Tercera Orden dominica, después, fiel a su
deseo y para responder a los signos de los tiempos, funda al
sur de Francia, una nueva Congregación religiosa confiada a
Santa Catalina de Siena, inspiradora y maestra en el arte de
vivir el ser dominico, como mujeres en medio del mundo.
En poco tiempo, las comunidades se multiplican y Madre Gérine,
con la audacia que caracteriza a los que confían únicamente en
la fuerza de Dios, envía a sus hermanas a Italia, Uruguay,
Argentina, a pesar de la precariedad de los medios de
transporte de esa época.
Esta Familia religiosa, fundada por ella misma, se divide más
tarde en dos Congregaciones independientes que, a partir de
1879, proseguirán caminos paralelos hasta su reunificación en
2005.
Como en el momento de su fundación y de sus comienzos llenos
de entusiasmo, nuestra Familia, después de haber recibido el
don de la Unión, contempla maravillada el nacimiento de una
nueva manera de vivir el carisma dominico de Madre Gérine:
aquella de los laicos.
En el momento de emprender con alegría y humildad este nuevo
camino, atentos al llamado que el Señor siembra en lo más
profundo de los corazones de cada uno, buscamos juntos, la
manera de anunciar al hombre de hoy y en los cuatro
continentes donde estamos presentes, la pasión y la cercanía
de la Misericordia del Padre.
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