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Catalina nace el 22 abril de 1811 en un pueblo pobre del
centro de Francia, en el transcurso de un período
caracterizado por:
- profundos cambios socio políticos:
ü
enfrentamientos entre las corrientes revolucionarias y las
monárquicas.
ü
espectacular transformación industrial
ü
fuerte y persistente explotación de la mano de obra obrera
y de los niños en el mundo laboral.
ü
olvido total de la educación y la salud.
ü
movimiento migratorio caótico de las zonas rurales a la
ciudad.
-
cambio radical en las mentalidades: se persigue el
beneficio individual así como una mayor autonomía a nivel
religioso.
Catalina
pertenece a una familia modesta.
Para encontrar trabajo, su padre tiene que desplazarse de un
lugar a otro y ella se ve obligada desde niña a abandonar la
escuela para ayudar a su madre a educar a sus hermanos.
Durante su juventud, Catalina conoce y comienza con sus
hermanas, a frecuentar el movimiento dominico. Forma parte de
la fraternidad de Chaudes-Aigües, pequeña ciudad conocida por
sus aguas termales; allí, Catalina acompaña, visita y cuida a
los enfermos. Era habitual, cuando se entraba en esta
fraternidad laica, cambiar el nombre propio de bautismo por
otro: Catalina-Gérine elige hacerse llamar en adelante,
Gérine.
Durante el largo trayecto por los caminos de Chaudes-Aigües,
tiene por costumbre, pararse en un pequeño santuario dedicado
a la Virgen, para contemplar la “Pieta”. Ante esta imagen de
María sosteniendo en sus brazos el cuerpo desfigurado y muerto
de Jesús, y en el silencio y la oración,
es donde se abren en el corazón de Gérine unos profundos
rasgos de compasión y donde toma cuerpo su deseo de hacer que
los pobres sean para ella el lugar de la entrega de su vida al
Señor.
En 1842, vuelve a Tolosa donde funda una nueva comunidad de
terciarias dominicas, mujeres que, a la luz de la
espiritualidad de Santo Domingo, viven juntas, y se dedican al
servicio de los enfermos y a la oración. A pesar de las
dificultades que conlleva todo lo que comienza a surgir, las
comunidades se multiplican rápidamente.
Confirmada y animada en su vocación de dominica por el P.
Lacordaire, restaurador de la Orden dominica en Francia,
Gérine hará de la experiencia fundadora de Santo Domingo, el
núcleo inspirador de sus comunidades y de su servicio
apostólico.
Una
vez establecida en Albí, a partir de 1852, da concreción y
organiza poco a poco la Congregación de las Hermanas Dominicas
de Santa Catalina de Siena, oficialmente reconocida en 1865:
llega a ser “guía y madre” de todas las que quieren pertenecer
a esta familia.
En poco tiempo, nacen nuevas comunidades de hermanas en Italia
y en América latina.
Gérine ha querido poner a Santa Catalina, una Sienesa del
siglo XIV, igualmente terciaria dominica, como “Compañera y
Maestra” de su Congregación, a fin de que sus hijas puedan
beber de lo profundo de su vida y de sus escritos, la savia
capaz de alimentar su manera de ser dominicas en medio del
mundo.
El 3 de septiembre de 1879, por razones históricas y a la vez
eclesiales, la Madre Gérine renuncia a su cargo de guía de la
Congregación y presenta su dimisión ante el Obispo de Albí.
Durante ocho largos años, Gérine vive en su carne el misterio
de la Cruz. La acoge en un acto de fe incondicional y en la
soledad casi total, muere en Carcassonne el 31 de diciembre de
1887. Este sufrimiento y esta soledad serán el lugar de este
“espacio abierto” que permitirá al Dios de la Misericordia
“atender” y “sembrar” abundantemente su Vida.


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