acogemos
el don particular hecho a Madre Gérine,
de contemplar y revelar el rostro maternal de
la Misericordia del Padre
que, en Jesús, libera y salva;
lo expresamos juntos,
a través de una opción preferencial
por toda clase de pobreza o de miseria que desfigura al
hombre.
Convencidos
de que en “el menos que nada” se encuentra escondida la fuerza
de Dios,
caminamos
en la cotidianeidad y la sencillez
como discípulas de Santa Catalina de Siena,
alimentados continuamente por la experiencia fundante de
Santo Domingo.