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Ufficio missioni

Foglio informativo

II Capítulo General - ordinario

Roma - Montemario

10 julio - 10 agosto 2009

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“Reaviva el don de Dios que hay en ti”

¿Cómo contarles a los hermanos

que eres el Dios de la vida?

          

Parte del discurso de clausura del II Capítulo General

Reaviva el don de Dios que está en ti”: esta frase de Pablo a Timoteo nos preparó a este Capítulo y ha continuado a resonar dentro de nosotras en estos días... En esta frase se puede sintetizar todo el trabajo del Capítulo y del post-Capítulo.

Reaviva el don de Dios que está en ti: lo hemos hecho buscando de transcribir en palabras –en las Constituciones- el carisma recibido en don. Reaviva el don de Dios”: ¡hazlo nuevamente vivo![…] El don de Dios es la gracia que nos alcanza, es la Palabra que Él mismo nos pone en el corazón, el don de Dios es la beata Trinidad, es el Amor de Dios, es Dios mismo. ¡Este don está ya en ti! Sin embargo, muchas veces, pensamos a aquello que tenemos que hacer, a nuestro compromiso, a nuestra voluntad. El don de Dios está ya en nosotras, cada vez que abrimos el corazón […], entonces es necesario cambiar perspectiva y mirar más al don que a nosotras mismas […]

“¿Cómo anunciar que eres el Dios de la vida?”. En esta frase está nuestra única misión y preocupación: ser para el mundo y en el mundo delante de Dios. Es importante aprender y encontrar lenguajes para comunicar a todos el Dios de la vida. A veces, no son palabras, sino actitudes interiores porque para anunciar a los hermanos que Él es el Dios de la vida, tenemos que ser nosotras las primeras a descubrir el Dios de la Vida en nuestra vida.

[…] En la liturgia de hoy, en este día en el cual concluimos este Capítulo general, Pablo escribe a los Corintios: ”Del resto, Dios tiene el poder de hacer abundar en ustedes toda gracia porque teniendo siempre el necesario en todo, puedan cumplir generosamente todas las obras de bien”.

Dios tiene el poder de hacer abundar en nosotras toda gracia porque, teniendo el necesario en todo, podemos realizar la misión que nos ha sido encargada, todas las obras de bien que deseamos, todo lo que vemos útil para el bien de los hermanos.

“Aquél que suministra la semilla al sembrador y el pan para el nutrimiento…”. He aquí el necesario: el pan y la semilla. No tenemos necesidad de otra cosa.

El pan es para nutrirnos nosotras mismas, la semilla es para la misión. La semilla es la Palabra, es nuestra vida, es la luz. Dios multiplicará este pan y esta semilla, Dios nos lo dará, repartirá y multiplicará.

De hecho, la única cosa que quisiera cultivásemos como actitud interior delante a este don, es la confianza, CONFIANZA en Dios, en Él que está a nuestro lado, que camina con nosotras […]. Confianza en Él que es el Dios presente, la confianza cierta que Él no nos deja en los grandes momentos y en los pequeños momentos de la vida; la confianza que toda la historia del mundo y nuestra pequeña historia están en Sus manos y en Su corazón.

“Choisir avec toi la confiance”: son las palabras de un canto que hemos escuchado en la liturgia en estos días. “Elegir tener confianza en Ti”. Por “Ti” se entiende Él, pero también tu, hermana. Confianza en Él y confianza entre nosotras, unas en las otras, en el servicio y en el compromiso de cada una. Solo la actitud de confianza hace crecer la vida.

El Evangelio nos invita: “Vayan por todo el mundo”. Nosotras iremos por todo el mundo. Y entonces en esta confianza plena retomamos el camino con el pan y con la semilla que Él nos dona, en una actitud de gratitud y alabanza al Señor por todo aquello que nos ha dado.

Y -con la seguridad que tenía Catalina cuando decía: “Quiero”, porque sabía que el Señor le habría concedido cuanto pedía; con la paz que Madre Gérine nos transmite cuando dice “Dios proveerá”-, les digo: ”Vamos hermanas…”

(Hna. M. Elvira BONACORSI o.p. - Priora Generale)

 


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