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“Reaviva el don de Dios que hay en ti”
¿Cómo
contarles a los hermanos
que
eres el Dios de la vida?



Parte del discurso de
clausura del II
Capítulo General
“Reaviva
el don de Dios que está en ti”:
esta frase de Pablo a Timoteo nos preparó a este Capítulo y ha
continuado a resonar dentro de nosotras en estos días... En
esta frase se puede sintetizar todo el trabajo del Capítulo y
del post-Capítulo.
“Reaviva
el don de Dios que está en ti”:
lo hemos hecho buscando de transcribir en
palabras –en las Constituciones- el carisma recibido en don.
“Reaviva
el don de Dios”:
¡hazlo nuevamente vivo![…]
El don de Dios es la gracia que nos alcanza, es la Palabra que
Él mismo nos pone en el corazón, el don de Dios es la beata
Trinidad, es el Amor de Dios, es
Dios mismo. ¡Este don está ya en ti!
Sin
embargo, muchas veces, pensamos a aquello que tenemos que
hacer, a nuestro compromiso, a nuestra voluntad.
El don de Dios está ya en
nosotras, cada vez que abrimos el corazón […], entonces es
necesario cambiar perspectiva y
mirar más al don que a nosotras mismas […]
“¿Cómo anunciar que eres el Dios de la vida?”.
En esta frase está nuestra única misión
y preocupación: ser para el mundo y en el mundo delante de
Dios. Es importante aprender y
encontrar lenguajes para comunicar a todos el Dios de la vida.
A
veces, no son palabras,
sino actitudes interiores porque para anunciar a los hermanos
que Él es el Dios de la vida,
tenemos que ser nosotras las primeras a descubrir el Dios de
la Vida en nuestra vida.
[…] En la liturgia de hoy, en este día en el cual concluimos
este Capítulo general, Pablo
escribe a los Corintios:
”Del
resto, Dios tiene el poder de hacer abundar en ustedes toda
gracia porque teniendo siempre el necesario en todo,
puedan cumplir generosamente todas las obras de bien”.
Dios tiene el poder de hacer abundar en nosotras toda gracia
porque, teniendo el necesario
en todo, podemos realizar la misión que nos ha sido encargada,
todas las obras de bien que
deseamos, todo lo que vemos útil para el bien de los hermanos.
“Aquél que suministra la semilla al sembrador y el pan para el
nutrimiento…”.
He aquí
el necesario: el pan y la semilla. No tenemos necesidad de
otra cosa.
El pan
es para nutrirnos nosotras mismas, la semilla es para la
misión. La semilla es la Palabra, es nuestra vida, es la luz.
Dios multiplicará este pan y esta semilla, Dios nos lo dará,
repartirá y multiplicará.
De hecho,
la única cosa que quisiera cultivásemos como actitud interior
delante a este don, es la confianza, CONFIANZA en Dios, en Él
que está a nuestro lado, que camina con nosotras […].
Confianza en Él que es el Dios presente, la confianza cierta
que Él no nos deja
en los grandes momentos y en los pequeños momentos de la vida;
la confianza que toda la
historia del mundo y nuestra pequeña historia están en Sus
manos y en Su corazón.
“Choisir avec toi la confiance”:
son las palabras de un canto que hemos escuchado en la
liturgia en estos días. “Elegir
tener confianza en Ti”.
Por “Ti” se entiende Él, pero
también tu, hermana. Confianza en Él y confianza entre
nosotras, unas en las otras, en el
servicio y en el compromiso de cada una. Solo la actitud de
confianza hace crecer la vida.
El
Evangelio nos invita: “Vayan por todo el mundo”. Nosotras
iremos por todo el mundo. Y entonces en esta confianza plena
retomamos el camino con el pan y con la semilla que Él nos
dona, en una actitud de gratitud y alabanza al Señor por todo
aquello que nos ha dado.
Y -con
la seguridad que tenía Catalina cuando decía: “Quiero”, porque
sabía que el Señor le habría concedido cuanto pedía; con la
paz que Madre Gérine nos transmite cuando dice
“Dios proveerá”-, les digo:
”Vamos hermanas…”
(Hna. M. Elvira BONACORSI o.p. -
Priora Generale)
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